Figúrateme
Figúrateme posible, cuento de tulipán.
Ladrillos violeta, terreno de sueños con sol.
Figúrateme redondo, azar de lo imprevisto.
Paredes de chocolate blanco, lienzos y martillos.
Figúrateme ocasional, prohibición dorada.
Chimenea aterida, pecado de la excepción.
Figúrateme exclusivo, cultivo de decisión.
Lluvia ácida, destruye mi castillo.
Un Peter Pan Remozado
La lacra social del Peter Pan moderno
amenaza el suburbio occidental.
Azota sus barriadas de desempleo,
verduguea el capricho de su indecisión.
Avanzo. Me presento.
He aquí un aleatorio Peter Pan,
rey del arruinar un buen futuro
con todas las semillas bien plantadas;
educación: la mejor,
amplia libertad de elección,
abiertas perspectivas profesionales,
horizonte inmaculado.
Quizá.
Todo al carajo.
El Peter Pan huyó de sus sueños,
extravió su vocación.
Estudió con ahínco, a ciegas,
trabajó su potencial
en la dirección incorrecta,
la que le perdió,
junto a su indecisión,
a la amplitud de opciones,
a la soga de la educación moderna,
al desempleo,
a las carentes oportunidades estrella,
a la desesperanza,
a la falta de fé en uno mismo,
al vértigo del empezar de cero,
al pavor al fracaso,
a la sociedad monstruosa,
infinita, opresora,
al dejar pasar golpes de suerte,
al dejar de cultivar herramientas,
al hundirse.
Sin salir
a tomar aire.
El Peter Pan moderno
no sólo teme crecer
-pues ya está crecido-,
se descubre un buen día
un fracasado;
sin capacidad de cambio.
HOY no existen las hadas.
Frío
Miedo súbito a que se acabe septiembre,
a que llegue el artefacto del frío,
al negro, la noche, la muerte.
Una cerilla, una llama en el aire
que me caliente el frío.
Frío que me haga sentir más humano…
¿dónde?
Tengo una alfombra,
pero el lado caliente tiene razón,
no es suficiente.
Cierra de una vez la puerta.
Minutos Equilibristas y Sonrisas Sin Contrato
Digo
que los espectáculos
son la mejor ciencia.
Digo
saber verlos.
Digo
teñirlos de dolor de mofletes
(o risa, de acuerdo)
Las Necesidades Afectivas
Son simples: necesitamos amor.
Y sin embargo nos empeñamos en complicarnos la vida
trabajando demasiado, dando menos gracias
de las que deberíamos, de las que necesitamos.
Nos perdemos en lo que al final no importa,
en lo que perece, nos dejamos llevar por
la máquina social devora-empatía.
Somos quién para abrazarnos,
aunque tengamos nuestras propias heridas,
aunque luchemos por el mismo aire sin competir,
aunque estemos hechos trizas por diferentes razones.
Somos quién para vivir más despacio,
para evitar la carrera que implica
desvestirse de lo importante.
Nos estrangula la creencia post-moderna y futura
de que hay que llegar alto, ser exitoso:
un número de producción con la cabeza fría.
Nos flagelamos pensando en un fracaso impuesto,
en un rol no representado.
Nos escuchamos vagamente,
pero a la confusa no nos entendemos.
Necesitamos amor en el periodo de paz con más heridos.
Necesitamos amor. ¿¡Quién se da cuenta!?
Necesitamos escucharnos, re-humanizarnos,
decelerar, necesitarnos explícitamente,
tenernos ahí, agradecernos.
Necesitamos…¿¡quién se da cuenta!?
vivir más despacio.
Fuera de tiempo
Un sentir fuera de tiempo, fuera de espacio, fuera del mundo…
Un sentido ajeno, lejano, que se nombra sin derecho en tiempo presente…
Y yo que no sé, si prevenir su martilleo, o mecerme con él,
Vivo a medias el desconcierto de imaginarnos cara a cara,
Y lo sueño, y lo esculpo, y hago trizas el deseo de no echarte jamás de menos.
Me permito el delito, y la ligereza moral del in dubio pro reo,
Me exculpo, me busco, te encuentro, te pienso, nos recuerdo…
¿Y tú? ¿Me piensas, me buscas? ¿Recuerdas aquello?
Cuerdas de Grito
Quiero una guitarra con cuerdas de grito.
Sonido de piel, tejido de histrionismo,
en vez de madera, desahogo.
Quiero una guitarra que me escuche,
y no me haga ni caso. Con carácter.
Una guitarra que me entone dócil,
que me tararee rock domesticado
y me quiebre los pulmones.
Quiero que mi guitarra me salve esfuerzos,
dé por mi los abrazos comprometidos,
escriba las cartas difíciles,
dé las duras explicaciones satinadas de cordura.
Deseo que se atenga a disciplina y arte,
sonada, enloquecida,
más furiosa que yo, eso siempre.
Quiero una guitarra tremendista,
que me enseñe a odiar
lo pesimista que soy;
una guitarra que ponga el grito lejos de la tierra,
que se escuche, y no se haga ni caso.
Una guitarra que yo pueda entonar mía,
a la que tararear cuentos de guerra
y quebrar respiro tras otro.
Se busca guitarra.
Músico con buena facha
paga con versos baratos.
Se busca guiarra con cuerdas de grito.
Sonido de piel, tejido de histrionismo,
en vez de madera, desahogo.
Las Extrañezas del Origen
Huelen a cal recién estrenada. Y a polvo centenario.
Saben a verano por sorpresa y a hogar.
Delimitan, duermen, cuelgan clase en el perchero
situado detrás de la puerta vista amanecer.
El humo del cigarrillo, el cenicero quijote,
la plaza, la ce, la zeta.
Las fotografías y los mosaicos de interior.
Los muros de Madrid.
Huelen a cal recién estrenada. Y a polvo centenario.
Saben a verano por sorpresa y a hogar.
Delimitan, duermen, cuelgan clase en el perchero
situado detrás de la puerta vista amanecer.
Horas de Aeropuerto
Horas de aeropuerto al acecho de un vuelo.
Una ristra de banderas y aerolíneas al ondeo
a través de un ventanal tapizado de sol.
Un adios en la maleta, o varios, con tesón,
dibujan el sobrepeso de almas amigas,
pájaros libres, tierras a millas del hogar,
páginas frenéticas de diario sin escribir.
Horas en un aeropuerto al acecho de un vuelo.
La emotividad de las salas vacías y
las llegadas ardientes, las pasivas,
el rumor de la marcha o la espera llena
las terminales de patrón social difuminado.
El pañuelo musulmán, el tacón occidental,
el laptop, el sueño accidental, la mirada ausente.
Horas en un aeropuerto al acecho de un vuelo.
El limpiador sin sonrisa, el devenir de taxis,
el cruce casual de destinos y orígenes,
la estructura de metal y los pájaros de rugido de acero;
todos ellos intentan esconderse tras las páginas
de cualquiera que sea tu libro, en vano,
cuando contando horas en un aeropuerto.
Como no sé por qué no sé cuidarte…
Como no sé perdonarme,
desde que hace un rato he recordado que me he olvidado
de lo más importante…
Como no sé cómo explicarme,
como nunca he deseado tanto estar viviendo ayer,
AYER mismo, no un simbólico ayer…
Como empecé un poema para ti, sin fechas, sin obligación,
y no me atreví a vestir con él el desnudo cielo…
Lo hago hoy.
Como tú has moldeado mis mapas con tus escalas,
volviéndome pequeño lo grande,
haciendo de todo océano no más que un juego de niños…
Como tú no has salido de mi cabeza, de mi forma de entender la vida,
desde que en los pupitres nadaban peces…
Como me fascina tanto descubrirte a cada llegada,
más entera, más pura, más tú…
Como te sigo echando de menos,
y la distancia no anestesia las ganas, de vivir los domingos contigo…
Como eres mi partenaire, mi 3 por ciento, como me recuerdas
lo que hago bien… Y no me censuras cuando hago mal.
Como en todo me ves el lado bueno, como saneas mi mundo.
Como me fascina tu acento, tus huevos, tu humildad,
tu armonía, tu pasión, tu inteligencia, tu camino…
Como en cada renglón todo cobra sentido…
Como no quiero que pienses que no eres para mí tanto como mereces,
y como no quiero que no sepas que eres aún más…
Hoy el día se hizo triste, y hoy la distancia sí es una prueba,
cuando no me deja abrazarte para que puedas perdonarme.


