A mi abuelo
Déjame que te cuente, abuelo,
pues sé que escuchas con oído fino y paciencia joven,
que aquí todos saben que te fuiste en paz.
Que sufrías. Que en tu cada vez más enjuto y amarillo cuerpo
ya no cabía tu alma, henchida década tras década,
brillante y de todos los colores amables. Grandísima.
Tu humanista e inacabable conocimiento,
-que a menudo te describíamos como un diccionario con patas-,
ya no hallaba lugar donde rebullirse en un cerebro prodigioso,
ya se sentía encorbatado tras una fiesta demasiado larga.
Tu siempre curiosidad, ¡tan ejemplo!
ya difícilmente encontraba espacio en tu pequeñísimo pecho.
Por algo dicen que el cáncer abate y viola y ultraja hasta los cimientos.
Pero era tu altruismo, ese infinito, sin dobleces,
el que ya a falta de cuerpo se alojaba sin rechiste
hasta en los bolsillos de tu albornoz,
en el hueco entre las pestañas y el párpado blanco.
Se sentaba hasta en los dorsos de tus manos frias,
en las puntillas de tus orejas,
allá donde pudiera. Listo. Pronto al compartirse.
Siempre fueron los demás primero,
incluso entonces.
Déjame que te cuente, abuelo,
pues sé que estás, que aguardas,
que yo que nunca te vi en los últimos meses,
que nunca llegué a decirte adiós,
que nunca alcancé a ver la última expresión de tu cuerpo,
aún no me creo que te hayas ido.
¿Te has ido si te veo en los ojos de mi padre?
¿En sus ademanes, tan de los dos, de bendito?
¿Te has ido si aún tenía tantos proyectos que presentarte?
¿Tanto que conversarte, escucharte, conocerte?
Siento culpa y rabia y agradecimiento juntos. En desorden.
Pero aún no me creo que te hayas ido.
Déjame que te cuente, abuelo,
pues sé que a lo mejor no me equivoco y aún Estás,
que nos dejaste un legado extraordinario.
Un ejemplo del derecho y del revés, un recuerdo de bondad desnuda,
un patrón de trabajo duro y perfecto, una curiosidad afilada,
unas ansias desbordadas de leer, de dar, de preguntar, de respetar.
De imitarte. De intentarlo al menos.



Jooor… Es precioso. Preciosísimo. Me ha arrancado lagrimones como montañas. Tu abuelo sigue henchido. Nadie se va cuando se siente tan querido. No del todo.
Estará sintiéndose completo por tenerte como nieta. Por todos esos proyectos que dices no haberle contado. Él los sabrá y los aplaude.
Como hacemos todos.
me dejas sin palabras…eres una gran nieta, preciosas palabras….