El halo quebrado de un mentor
Es negro. Idealista. Terco.
Cuando le conocí, esperanza.
Ojos pequeños y vivaces.
Intereses humanistas y dispersos.
África (su) (mi) telón de fondo.
Podemos. Tienes que. Puedes.
El señor Isabel y sus horas
agarrado a la palabra que vuela.
Diestro en culturas que se hablan;
con franqueza y hasta sentido,
haceres que se disciernen.
Ducho en los débiles.
En los que no encuentran la ética,
la corrección, la maldad, la norma
y la voz. Cojeaba,
exaltado en las ocasiones nobles.
Era un Obama de las páginas heridas.
Que se consumen con fatiga
en un invierno apocalíptico.
La historia.
Solía decir.
La historia.
Y de nuevo, de forma súbita y absurda,
el aula era primavera.
El ave el insecto el verde sin cortar.
El olor de la tinta fresca.
Las cuartillas endebles existirían.
El camino, casi solo, se bosquejaba.
El señor Isabel y sus horas
agarrado a la palabra que vuela.
Negro. Idealista. Terco.
Han pasado ciclos de sol pan y lluvia
y calma se pela la esperanza.
Enfurecida, a veces, brota la pérdida.
El aula importuna con el invierno.
Él, inconmovible, deja abierta la ventana.
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