Tribunal a dos aguas
Ya no te explico mis motivos cuando ruedas por Tribunal bares abajo…
…entre poemas urbanos (frustrados)
y reconciliaciones de jolgorio brego con tu saque y tu sed.
Sabina… nunca fue una excusa.
Tu nube viajera sí lo fue.
Pides una tapa de albóndigas y te reto a un mano a mano…
del valor me hago entera responsable…
Un valor temporal e inagotable.
Como mi aprecio, como mis ceños para ti y por ti,
como mi seguridad para contigo y en ti.
Eres un príncipe sin castillo
pero con una dentadura del alma blanca preciosa…
Eres paciencia. Encanto. Don.
Eres oportunidad. Eres bandera y lo eres con el paso de los años.
Ya no tengo que contarte por qué cuando regresas
no te explico mis motivos,
no me miro al espejo.
Te espero.
Evito el “te discuto´´
te completo.
Te sirvo un güisqui. No cualquiera.
Tu preferido.
Útero de Soles
Me cautiva poseer los libros que leo.
Me cautiva hasta la necesidad,
enraizando mis pocos momentos lúcidos
en las páginas a las que vuelvo.
Me destroza descubrir que
olvidé las letras de esos versos,
como me cautiva volver a su aroma
como el segundo día, tardío y lento.
Me cautiva hacinar tomos
a los que recurrir con afán curativo,
ya pasado el temporal más amargo,
con propósito de recuperación de camino.
Me irrita no poder cargar con mis volúmenes
de castillo a castillo, de charco a charco,
de destino a destino.
Me fastidia saber que los libros que poseo
duermen en otra parte del mundo,
casualmente cuando los necesito.
Me cautiva poseer los libros que leo.
Llamarlos míos y olvidarme de ellos
en las estanterías más altas,
por descuido sereno, autorizado.
Si no me concibo más que
propietaria de líneas ajenas,
y muchas menos de las que mi avaricia ordena,
quizá sea porque me cautiva
poseer los libros que leo
ya que no escribo suficiente.
Historias que se tejen
de hilvanes prestados,
malamente hurtados, incluso.
En inspiración poco fecunda,
reusando versos, regresando a letras,
necesitando poseer volúmenes,
olvidando marcas y patrones,
dejando separadores de páginas
en otras ciudades y rostros,
nunca en la presente,
quien fuera un útero de soles y de odas,
un taller de estrofas candela y de romances;
rentable, madrugador, como el relente.


