¿Dónde Estás?
Unas alas y 153 núcleos de sueños ardieron hoy
en un aeropuerto y una ciudad que frecuentamos.
No conozco a ninguno de los rostros hechos carbón,
pero en el leve atisbo de un segundo
soy uno de ellos antes de que el avión prenda motores.
He traído tres sudaderas, como siempre,
que me sirvan de almohada tras el despegue.
Alterno las líneas de un libro con miradas ausentes
por la ventana, que suelo pedir en check-in.
Intento adivinar de dónde vienen y adónde van
los dueños de las voces que se sientan enfrente.
Me quito los zapatos y cruzo las piernas encima del asiento,
mientras pongo la mente en piloto automático destino.
Vacaciones. O trabajo. Encontrar hogar. O rayos de sol.
153 puñados de sueños quemados hasta el polvo
en gritos desfigurados cuyo alcance se tragaron las alas.
En el leve atisbo de un segundo
la falsa seguridad del destino, del transcurso, del proyecto
se revienta y vuela más alto que el fuego y que los gritos.
¿Dónde estás, ahora?
Silencio.
En el leve atisbo de un segundo
imagino a mi hermano probándose esas alas.
Escucho el desgarro y veo el contador de sueños a cero.
¿Dónde estás?
Inimaginable.
Masa sin Hombre, Hombre sin Masa
Culto a la rendición
de las almas que salvarse
creen ya no poder.
Adoración al sentir
de la muerte gozosa
el irremediable caer.
Rodillas profanadas
del luchador espíritu
de venganza justiciera.
Templos, fuegos, sacrilegios,
protagonistas fieles
del deseo anti-origen
de un cualquier ser humano
que diciéndose tal
y sintiéndose lobo,
al término de sus vagares
descubre el mísero tacto
de su corazón de lana.
Masa sin hombre no fuera
el dichoso aparecer
del poder agradecido.
Hombre sin masa no cayera
en el innato esfuerzo
de perder en manada su sentido.


